La agricultura de regadío es de vital importancia en nuestra sociedad actual. El crecimiento de la población Global en los últimos 10 años, con una estimación de 8.500 millones en 2030, pone de relieve la importancia de la agricultura de regadío, que genera el 40% de la producción mundial de alimentos; una producción a la que se dedica cerca de 70% del agua dulce extraída en el mundo.
Por otro lado, el avance del cambio climático está provocando que los episodios meteorológicos extremos sean cada vez más frecuentes e intensos. Esta combinación de escasez prolongada de agua y precipitaciones repentinas supone un desafío creciente para la gestión de los recursos naturales, las infraestructuras y la actividad económica. Diversas organizaciones como la FAO coinciden al señalar la tecnología como la aliada fundamental para avanzar hacia modelos de gestión más sostenibles y resilientes.
Ante este contexto climático cada vez más incierto, resulta imprescindible ser más eficientes y anticiparse a los riesgos. Según Begoña Tarrazona, Irrigation Specialist de Idrica, la digitalización juega aquí un papel clave: el uso de datos, tecnología y herramientas inteligentes permite conocer mejor lo que está ocurriendo, prever distintos escenarios y tomar decisiones más rápidas y acertadas. La digitalización es clave para reducir el consumo, mejorar la eficiencia y garantizar la sostenibilidad del regadío español.
Evolución en la digitalización de las comunidades de regantes
En España, y especialmente en el arco mediterráneo, el cambio climático se traduce en largos periodos de sequía que se ven interrumpidos por lluvias torrenciales puntuales, muy concentradas en el tiempo y con gran capacidad de causar daños. Este hecho produce que haya una mayor presión sobre el sector agrícola, que destina el 80% del agua al regadío, con un crecimiento del 11% en las últimas décadas.
Por esta razón, “las comunidades de regantes españolas están dando un paso decisivo hacia la digitalización del regadío, apoyadas en los fondos del PERTE”, señala Begoña Tarrazona, Irrigation Specialist de Idrica.
Un ejemplo de ello es la Comunidad General de Usuarios del Canal Júcar-Turia, una entidad que gestiona la distribución de agua a 21 comunidades de regantes, con más de 25.000 hectáreas de riego, a través de una infraestructura compartida, el Canal Júcar-Turia. Su director general, Ernesto Serra, subraya que antes del PERTE “se encontraba en una fase inicial de digitalización, con procedimientos mayoritariamente manuales y herramientas tecnológicas poco cohesionadas”. Sin embargo, Serra confirma el avance en las actuaciones de la Comunidad General destacando como una de las actuaciones principales, “el desarrollo de una plataforma digital de gestión del conocimiento, que permitirá integrar información procedente de diferentes fuentes: telemetría de las tomas, consumos, infraestructuras hidráulicas, datos energéticos y otros elementos del sistema”.
Para el director general de la Comunidad General de usuarios del canal Júcar-Turia, “el objetivo es pasar de una gestión basada principalmente en registros operativos a un modelo de gestión inteligente del agua, donde los datos permitan mejorar la planificación, optimizar el reparto del recurso y anticipar posibles incidencias”.
Por su parte, José Alfonso Soria, presidente de la Comunidad de Regantes de Llíria y presidente de la Federación de Comunidades de Regantes de la Comunidad Valenciana (FECOREVA), señala que, en muchos casos, el punto de partida de la digitalización era una automatización muy “elemental y de varios fabricantes, que consistía en una SCADA por cada instalación fotovoltaica”. Sin embargo, conscientes de la importancia de la digitalización, Soria señala que actualmente se están llevando a cabo acciones “que permitirán agrupar bajo un mismo programa la automatización y control todas las infraestructuras de la comunidad, instalaciones fotovoltaicas, bombas de pozos, hidrantes, remotas, PLC’s, etc.”.
Por su parte, Diego Bellido Sánchez, director gerente de la Comunidad de Regantes del Bajo Guadalquivir, destaca que, aunque su comunidad partía de un buen nivel de digitalización gracias a proyectos de modernización previos, la intensificación de los episodios de sequía ha puesto de relieve la necesidad de incorporar “nuevas herramientas tecnológicas que dieran respuesta esta problemática”. Para Bellido, las actuaciones orientadas a la digitalización de la Comunidad “convergen entre sí logrando proporcionar una digitalización y gestión integral del recurso hídrico en la Comunidad de Regantes Sector BXII del Bajo Guadalquivir, por la recopilación precisa de datos de los regantes, su integración con información geoespacial y la retroalimentación de datos de sensores en tiempo real, que facilitará la toma de decisiones más informada sobre el uso del agua”.
Dificultades
No obstante, los responsables de las comunidades coinciden en señalar que la digitalización no está exenta de desafíos. La inversión inicial, la necesidad de capacitar técnicamente a técnicos y personal de campo, la gestión eficiente de grandes volúmenes de datos, los problemas de conectividad en algunas zonas rurales o la adaptación organizativa son algunos de los principales obstáculos. Para el presidente de la Comunidad General de Usuarios del Canal Júcar-Turia, Ernesto Serra, “la digitalización requiere adaptación organizativa, formación y una nueva cultura de gestión basada en el uso de la información”.
Pese a ello, el consenso es claro: las ayudas públicas, junto con la estandarización tecnológica, la interoperabilidad de sistemas y el acompañamiento técnico especializado, están acelerando un proceso que se considera ya imprescindible. Como apunta José Alfonso Soria, presidente de la Comunidad de Regantes de Llíria, “el PERTE de digitalización es una oportunidad para acometer estos proyectos de automatización y control”.
En cualquier caso, la digitalización del regadío se consolida, así como un elemento estratégico para garantizar la sostenibilidad de la agricultura del regadío, optimizar el uso del agua, energía y fertilizantes, mejorar la productividad de las explotaciones agrícolas y reforzar la resiliencia del sector ante los retos presentes y futuros.
