El sisón común, una de las aves más amenazadas del campo español, encuentra refugio donde pocos lo buscarían a priori: en los barbechos. Fundación Global Nature (FGN) acaba de demostrarlo sobre el terreno. En una red de parcelas piloto repartidas por Cuenca, Guadalajara, Madrid y Teruel, un manejo tan sencillo como elegir bien la labor, la máquina y la fecha ha conseguido suelos y estructuras de vegetación adecuadas para la cría de estas aves en peligro. Los resultados se recogen en el Plan de manejo de barbechos vegetados para la conservación de las aves esteparias, que la entidad publica ahora para que cualquier agricultor pueda replicarlo.
Las aves esteparias figuran entre las especies más amenazadas de Europa, y España concentra buena parte de sus poblaciones. Su forma de vida las hace estrictamente dependientes de estos ambientes abiertos, pues no son aves de bosque ni de matorral, sino del mosaico de cultivos y barbechos que ha modelado la agricultura tradicional. Por tanto, su supervivencia está ligada al barbecho, al ser el lugar en el que cortejan, nidifican y se alimentan. Cuando los barbechos desaparecen o se labran a destiempo, estas aves pierden a la vez el escenario del celo, el refugio del nido y su despensa. Por eso la medida más eficaz y mejor probada para conservarlas es el manejo activo de barbechos.

“Las aves esteparias son mucho más que especies en peligro, podríamos decir que son un termómetro de la salud de nuestros paisajes agrarios, y este Plan demuestra que la conservación y la agricultura pueden caminar juntas”, señala Javier Ruiz, coordinador del área de Aves Esteparias en Fundación Global Nature.
El Plan que presenta la entidad muestra cómo diseñar ese hábitat con lo que el agricultor ya tiene. Eligiendo la labor, la maquinaria y, sobre todo, la fecha (siempre fuera del periodo reproductor), o decidiendo qué flora dejar crecer, se consigue dar a cada especie la estructura y el alimento que necesita en cada momento de su ciclo. Por poner ejemplos, hablaríamos de claros para el celo del sisón, cobertura creciente para nidificar, semilla para las granívoras. Un indicador tan claro como la cobertura vegetal a mediados de junio sirve de termómetro para saber si el barbecho va a funcionar.
El trabajo se apoya en una red de parcelas piloto puesta en marcha en 2026, con ocho casos prácticos de manejo ensayados en cuatro zonas esteparias de las provincias de Cuenca, Guadalajara, Madrid y Teruel (Castilla-La Mancha, Madrid y Aragón), cada uno con una estrategia distinta. Los resultados confirman que no hay una receta única: lo que sostiene a la comunidad de esteparias no es la parcela perfecta, sino el mosaico a escala de paisaje. Y todo, insiste la fundación, de la mano del sector agrario y de la ciencia, con el agricultor y no contra él.
Con esta publicación, FGN reafirma su posición como entidad de referencia en la gestión de barbechos para la conservación de las aves esteparias.

