El Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) lidera un nuevo estudio orientado a garantizar el futuro del cultivo del boniato mediante la mejora de su diversidad genética, la adopción de prácticas más sostenibles y el refuerzo de sus cualidades, especialmente el sabor. Esta iniciativa busca dar respuesta a los retos actuales del sector agrícola, como el cambio climático, la demanda de productos de mayor calidad y la necesidad de sistemas de producción más respetuosos con el medio ambiente, posicionando al boniato como un cultivo estratégico con mayor valor añadido.
Cómo garantizar su futuro en un escenario de escasez hídrica y temperaturas extremas es el objetivo de ‘DiverSWEETy’, un proyecto financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) como parte de la convocatoria 2024 de los Proyectos de Generación de Conocimiento y cofinanciado por la Unión Europea. Liderado por el IVIA y en colaboración con el Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA), busca transformar la manera en la que se cultiva y se consume el boniato.
La iniciativa presenta una clara vocación práctica: diversificar las variedades disponibles, adaptarlas mejor a las condiciones mediterráneas y explorar nuevos usos del cultivo que aumenten su valor añadido.
El corazón del proyecto reside en la colaboración de un equipo multidisciplinar que aborda el cultivo del boniato desde ángulos complementarios, conectando la genética con el campo y estudiando su comportamiento en condiciones de estrés hídrico o su aceptación en el mercado.
Consuelo Penella, científica titular de la Unidad de Hortofruticultura del Departamento de Citricultura y Mejora Vegetal del IVIA, lidera el saneamiento de las variedades para garantizar la obtención de plantas libres de virus, además de realizar los cruces genéticos dirigidos a desarrollar materiales más resistentes. Por su parte, Cristina Besada, investigadora principal de la Unidad de Tecnología Postcosecha (Centro de Agrotecnologías Avanzadas) y especialista en evaluación sensorial, se encarga de asegurar que las nuevas variedades alcancen una calidad premium capaz de conquistar al consumidor.
Amparo Martínez, dra. Ingeniera Agrónoma de Investigación del Servicio de Tecnología del Riego, centra su trabajo en la mejora de la eficiencia hídrica, mientras que Mª Dolores Vela, del IFAPA, actúa como enlace en la provincia de Cádiz, una de las principales zonas productoras.
Diversificación para la seguridad alimentaria

Actualmente, la producción de boniato se limita a pocas variedades comerciales, lo que supone un riesgo tanto desde el punto de vista agronómico como alimentario. “No podemos depender de una sola opción”, explica Consuelo Penella al tiempo que advierten que actualmente el 90 % de la producción nacional se centra en una sola variedad, la Beauregard. Ampliar el abanico de variedades no solo reduce la vulnerabilidad frente a amenazas externas, sino que también permite adaptar mejor el cultivo a distintas condiciones de suelo, clima y disponibilidad de agua y satisfacer las necesidades de los consumidores.
Esta estrategia contribuye a reforzar la seguridad alimentaria mediante un acceso más diversificado a los recursos agrícolas. Por ello, trabajan con un banco de 50 clones diferentes del IVIA, que incluye variedades tradicionales valencianas, como el Blanco valenciano, y materiales procedentes de Brasil, Uruguay, Canarias y Perú. Esta diversidad funciona como un seguro de vida al reducir la vulnerabilidad frente a plagas o cambios bruscos de temperatura.
Máxima eficiencia con cada gota de agua
En paralelo, el proyecto pone el foco en la adaptación al clima mediterráneo teniendo en cuenta que esta área es la principal productora de boniato en Europa, pero también la más expuesta a la sequía. En este sentido, Amparo Martínez determina las necesidades de riego que optimicen la productividad del cultivo y analiza la respuesta al déficit hídrico para saber qué variedades responden mejor a estas condiciones y en qué fases es recomendable reducir el riego.
‘DiverSWEETy’ también explora nuevos usos del boniato a través de sus hojas. Estos órganos, comestibles y con un alto valor nutricional, tienen potencial para incorporarse a nuevas propuestas gastronómicas o productos alimentarios pese a su infrautilización en Europa. Su aprovechamiento podría abrir nuevas oportunidades de mercado y aumentar la rentabilidad del cultivo.
Cristina Besada lidera la realización de catas con consumidores con dos fines, por una parte, identificar variedades de boniato de calidad premium y determinar si son más aptas para asar, chips o repostería, y por otra, conocer la aceptación de los brotes de boniato para su consumo bien en fresco o cocinado
Este enfoque integral convierte a ‘DiverSWEETy’ en un ejemplo de cómo la investigación pública puede generar soluciones innovadoras con impacto real. Para los agricultores, supone la posibilidad de acceder a variedades más resilientes y a técnicas de cultivo más eficientes. Para la industria alimentaria, abre la puerta a nuevos productos y formatos. Y para la ciudadanía, representa una apuesta por una alimentación más diversa, sostenible y adaptada a los retos del futuro. Fuente y fotos – ivia
