agronoticias.es

Se encuentra sujeta a la presión del ser humano y del cambio climático, pero es parte de la solución. Las dietas equilibradas basadas en alimentos de origen vegetal y alimentos de origen animal producidos de forma sostenible presentan mayores oportunidades de adaptación al cambio climático y de limitación de sus efectos.

La tierra ya se encuentra sujeta a una presión creciente del ser humano, que el cambio climático acentúa. Asimismo, según se afirma en el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), publicado el jueves, la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de todos los sectores, incluido el de la tierra y el alimentario, es el único modo de mantener el calentamiento global muy por debajo de 2 °C.

El IPCC, órgano internacional encargado de evaluar el estado de los conocimientos científicos relativos al cambio climático, sus impactos y sus futuros riesgos potenciales, así como las posibles opciones de respuesta, examinó el Resumen para responsables de políticas del informe especial titulado El cambio climático y la tierra, que fue aprobado por los gobiernos mundiales el miércoles en Ginebra (Suiza).

Ese informe será una contribución científica fundamental en las próximas negociaciones sobre clima y medioambiente, como el 14º período de sesiones de la Conferencia de las Partes en la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, que se celebrará en Nueva Delhi (India) en septiembre, y el 25º período de sesiones de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que tendrá lugar en Santiago (Chile) en diciembre.

"Los gobiernos encomendaron al IPCC el reto de realizar el primer análisis exhaustivo del sistema tierra-clima, que hemos podido cumplir gracias a las numerosas aportaciones de expertos y gobiernos de todo el mundo. En el caso de este informe, y por primera vez desde que el IPCC empezara a publicar informes, la mayoría de los autores (53 %) proceden de países en desarrollo", dijo Hoesung Lee, Presidente del IPCC.

En el informe citado del IPCC se pone de manifiesto que, si bien una mejor gestión de la tierra puede contribuir a hacer frente al cambio climático, no es la única solución. Si se quiere mantener el calentamiento global muy por debajo de 2 °C, o incluso en 1,5 °C, la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de todos los sectores es fundamental.

En 2015, los gobiernos respaldaron el objetivo del Acuerdo de París de reforzar la respuesta mundial al cambio climático manteniendo el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales y prosiguiendo los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C.

Debe mantenerse la productividad de la tierra a fin de velar por la seguridad alimentaria en un contexto de incremento demográfico y de aumento de los efectos negativos del cambio climático en el crecimiento de la vegetación. Ello significa que la contribución de la tierra a la lucha contra el cambio climático —por ejemplo, mediante los cultivos destinados a la generación de energía y la forestación— no es infinita. Y no puede olvidarse que se necesita tiempo para que árboles y suelo capturen el carbono con eficacia.

La gestión de las actividades relacionadas con la bioenergía debe ser extremadamente cuidadosa con miras a evitar riesgos para la seguridad alimentaria y la biodiversidad y problemas de degradación de la tierra. La consecución de resultados convenientes dependerá de la instauración de políticas y de sistemas de gobernanza que sean adecuados a nivel local.

La tierra es un recurso decisivo

En El cambio climático y la tierra se apunta que el mundo reúne las condiciones idóneas para hacer frente al cambio climático cuando la sostenibilidad se considera una prioridad global.

"La tierra desempeña una función importante en el sistema climático", dijo Jim Skea, copresidente del Grupo de Trabajo III del IPCC.

El uso de la tierra para fines agrícolas, silvícolas y de otra índole supone el 23 % de las emisiones antropógenas de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo, los procesos naturales de la tierra absorben una cantidad de dióxido de carbono equivalente a prácticamente una tercera parte de las emisiones de dióxido de carbono causadas por la quema de combustibles fósiles y la industria", añadió.

Según Hans-Otto Pörtner, copresidente del Grupo de Trabajo II del IPCC, en el informe se evidencia que la gestión sostenible de los recursos de la tierra puede ayudar a luchar contra el cambio climático.

"La tierra que ya se está cultivando podría alimentar a la población en un contexto de cambio climático y ser una fuente de biomasa que proporcione energía renovable, pero se deben adoptar iniciativas tempranas de gran alcance que incidan simultáneamente en diversos ámbitos", explicó. "Ello también permitiría velar por la conservación y restauración de los ecosistemas y la biodiversidad".

Desertificación y degradación de la tierra

La degradación de la tierra socava su productividad, limita los tipos de cultivos y merma la capacidad del suelo para absorber carbono. Ello exacerba el cambio climático y el cambio climático, a su vez, exacerba la degradación de la tierra de muchos modos distintos.

"Las decisiones por las que optemos en pro de una gestión sostenible de la tierra pueden ayudar a reducir y, en algunos casos, revertir esos efectos adversos", señaló Kiyoto Tanabe, copresidente del Grupo Especial del IPCC sobre los Inventarios Nacionales de Gases de Efecto Invernadero.

"En un futuro con precipitaciones más intensas, el riesgo de erosión del suelo de las tierras de cultivo aumenta, y la gestión sostenible de la tierra es un modo de proteger a las comunidades de los efectos nocivos de esa erosión del suelo y de los deslizamientos de tierra. Sin embargo, nuestro margen de maniobra es limitado, por lo que en algunos casos la degradación podría ser irreversible", explicó.

Aproximadamente 500 millones de personas viven en zonas afectadas por la desertificación. Las regiones que experimentan ese problema y las tierras áridas también son más vulnerables al cambio climático y los fenómenos de gravedad extrema, como sequías, olas de calor y tormentas de polvo, y el aumento de la población mundial no hace sino someter esas zonas a más presión.

En el informe se indican algunas opciones para hacer frente a la degradación de la tierra y prevenir la progresión del cambio climático o adaptarse a sus consecuencias. También se analizan posibles efectos de distintos niveles de calentamiento global.

"Los nuevos conocimientos evidencian un incremento de los riesgos de escasez de agua en las tierras áridas, daños por incendios, degradación del permafrost e inestabilidad del sistema alimentario, incluso en un escenario de calentamiento global de aproximadamente 1,5 °C", dijo Valérie Masson-Delmotte, copresidenta del Grupo de Trabajo I del IPCC.

"Se considera que el riesgo relacionado con la degradación del permafrost y la inestabilidad del sistema alimentario alcanzará un nivel muy elevado en el caso de un calentamiento de 2 °C", señaló.

Seguridad alimentaria

La adopción de iniciativas coordinadas para hacer frente al cambio climático puede suponer la mejora simultánea de la tierra, la seguridad alimentaria y la nutrición, además de ayudar a acabar con el hambre. En el informe se destaca que el cambio climático afecta a los cuatros pilares de la seguridad alimentaria: disponibilidad (rendimiento y producción), acceso (precios y capacidad para obtener alimentos), utilización (nutrición y preparación de alimentos) y estabilidad (alteraciones de la disponibilidad).

"Problemas que se derivarán del cambio climático en el futuro, como la reducción del rendimiento —en particular en los trópicos—, el aumento de precios, la pérdida de calidad de los nutrientes y las alteraciones en la cadena de suministro, afectarán cada vez más a la seguridad alimentaria", manifestó Priyadarshi Shukla, copresidente del Grupo de Trabajo III del IPCC.

"Veremos distintos efectos en función del país, pero las consecuencias serán más drásticas en los países de ingresos bajos de África, Asia, América Latina y el Caribe", explicó. En el informe se constata que aproximadamente una tercera parte de los alimentos producidos se echa a perder o se desperdicia. Las causas que llevan a esa pérdida o desperdicio presentan diferencias sustanciales entre países desarrollados y en desarrollo, así como también entre regiones. La reducción de la pérdida y desperdicio de alimentos supondría una disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero y ayudaría a mejorar la seguridad alimentaria. "Algunos patrones alimentarios requieren más agua y tierra y provocan, en comparación con otras alternativas, más emisiones de gases que atrapan el calor", dijo Debra Roberts, copresidenta del Grupo de Trabajo II del IPCC.

"Las dietas equilibradas basadas en alimentos de origen vegetal (como cereales secundarios, legumbres, frutas y verduras) y alimentos de origen animal producidos de forma sostenible en sistemas que generan pocas emisiones de gases de efecto invernadero presentan mayores oportunidades de adaptación al cambio climático y de limitación de sus efectos", apuntó.

En el informe se llega a la conclusión de que hay maneras de gestionar los riesgos para la tierra y el sistema alimentario y reducir sus vulnerabilidades.

La gestión de riesgos puede incrementar la resiliencia de las comunidades a los fenómenos extremos, y ello incide en los sistemas alimentarios. Su puesta en práctica puede materializarse mediante cambios en la alimentación o la disponibilidad de todo un abanico de cultivos que eviten una mayor degradación de la tierra e incrementen la resiliencia ante los fenómenos meteorológicos extremos o condiciones meteorológicas variables.

La reducción de las desigualdades, el aumento de los ingresos y la garantía de un acceso equitativo a los alimentos para que determinadas regiones (en las que la tierra no puede proporcionar alimentos en cantidad suficiente) no estén en desventaja son estrategias alternativas de adaptación a los efectos negativos del cambio climático. Asimismo, existen otros métodos que permiten tanto gestionar riesgos como ponerlos en común, y algunos de ellos ya se pueden utilizar, como los sistemas de alerta temprana.

La instauración de un enfoque global en el que prime la sostenibilidad, unido a la adopción de medidas tempranas, es la mejor combinación para afrontar el cambio climático. Ello debería ir acompañado de un crecimiento demográfico reducido y una disminución de las desigualdades, así como de una mejor nutrición y un menor desperdicio de alimentos.

De ese modo se lograría un sistema alimentario más resiliente y se multiplicaría la cantidad de tierra disponible para el cultivo de variedades destinadas a la generación de bioenergía, pero sin renunciar a la protección de los bosques y los ecosistemas naturales. Ahora bien, si no se adoptan medidas tempranas en esos ámbitos, se requerirá más tierra para la producción de bioenergía, y ello llevará a la adopción de decisiones difíciles sobre el futuro uso de la tierra y la seguridad alimentaria del mañana.

"Las políticas que propugnan una gestión sostenible de la tierra son importantes porque velan por el suministro alimentario de las poblaciones vulnerables y mantienen el carbono atrapado en el suelo, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero", dijo Eduardo Calvo, copresidente del Grupo Especial del IPCC sobre los Inventarios Nacionales de Gases de Efecto Invernadero.

Respuestas al cambio climático y la tierra

Las políticas ajenas a los sectores de la tierra y la energía, como las relativas al transporte y el medioambiente, también pueden resultar decisivas para hacer frente al cambio climático. Es más rentable adoptar medidas tempranas porque se evitan pérdidas.

“Ya hemos puesto en marcha algunas cosas, como el uso de tecnologías y buenas prácticas, pero debe ampliarse su escala de aplicación y deben hacerse extensivas a otros lugares adecuados, donde no se están utilizando actualmente”, dijo Panmao Zhai, copresidente del Grupo de Trabajo I del IPCC.

Señaló: “El uso más sostenible de la tierra, la reducción del consumo excesivo y el desperdicio de alimentos, la eliminación de la tala y la quema de bosques, la prevención de la recolección excesiva de leña y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero encierran un verdadero potencial, que contribuirá a resolver las cuestiones del cambio climático relacionadas con la tierra”. Fuente - IPCC